martes, 29 de julio de 2014

El Caso del Llano de la Víbora




Era la madrugada del 7 de noviembre de 1991 en el Llano de la Víbora, en el municipio de Tlalixcoyan, estado de Veracruz, México. Una avioneta Cessna Centurion 210 con matrícula XA-LAN y bandera mexicana intentaba aterrizar en una pista clandestina; muy de cerca, un avión King Air donde viajaban 8 agentes  de la Policía Judicial Federal (PJF), el piloto y copiloto comandados por la Procuraduría General de la República (PGR) y la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) pudo aterrizar después de que la avioneta sospechosa tocara  tierra veracruzana. La misión de los policías judiciales era sencilla: someter a la escasa tripulación de la avioneta interceptada y confirmar que el cargamento que venía directamente de Colombia, en efecto, eran 370 kilos de cocaína.

Los 8 agentes, que luego fueron identificados como Roberto Javier Olivo Trinker, Juan José Arteaga Pérez, Ernesto Medina Salazar, Óscar Hernández Sánchez, Miguel Márquez Santiago, Abel Acosta Pedrosa, Francisco Zuviri Morales y Eduardo Salazar Carrillo, bajaron del King Air y se dirigieron hacia la aeronave, cuando de pronto varias detonaciones se escucharon provenir de la arboleada que estaba adyacente a la pista de tierra: era personal del Ejército mexicano que se hallaba oculto entre los arbustos, listos para resguardar el cargamento de droga colombiana. Mientras que varios policías judiciales se echaban al piso, otros más decidieron correr para salvaguardar sus vidas, a la misma vez que les gritaban a los uniformados que pertenecían a la PJF. Entre el tiroteo y la confusión, el piloto y el copiloto del avión de la PGR intentaron comunicarse con sus superiores para que lograran hablar con el general de la tropa que acribillaba implacablemente a los agentes, el general Alfredo Morán Acevedo, pero este les ignoró y no hizo cese al fuego.

El general dio la orden de rodear a las dos aeronaves, mientras que este revisaba si había algún sobreviviente. Encontró al agente Eduardo Salazar, al piloto Jesús Rodríguez y el copiloto Jorge Héctor Orring; estaban decididos, los iban a matar, al igual que a los otros 7 policías que yacían inertes sobre la pista, solamente para cumplir la encomienda de algún capo acompañado de algún jugoso soborno.

El general no sabía que los sobrevivientes a la masacre tenían una última oportunidad de someter a sus verdugos: "Esa avioneta que está allá arriba, es de los gringos y está grabando todo" dijo el piloto a uno de los soldados.
Morán Acevedo se dio cuenta de que el ambiguo ataque a sus colegas de la PJF era completamente imperdonable ante sus verdaderos jefes, y eso podría significar su despido y, tal vez, su posible arresto. Simplemente no sabía que hacer en ese momento, solamente lograba balbucear del coraje y la desesperación. Le pidió a Jesús Rodríguez que se comunicara con el piloto del Cessna Ciatation que sobrevolaba muy por encima de sus cabezas para que aterrizara,  con el fin de negociar con los agentes de la DEA. Jesús Rodríguez no accedió a la petición diciendo que él no tenía ninguna autoridad sobre ellos.

Después de las autopsias practicadas a los cadáveres de los policías muertos, se dio por descubierto los golpes y los tiros de gracia con que se les puso fin a sus vidas de parte del general corrupto y los soldados de XVI Zona Militar de Veracruz. En las grabaciones tomadas por el Cessna Ciatiation, donde iban agentes de la DEA supervisando el operativo, se dieron cuenta de que una pareja descendió de la avioneta y se perdió entre los arboles, muy cerca de donde se escondían los soldados para atacar. Nunca se supo las identidades ni el paradero de de estos individuos. 
Durante las investigaciones, se envió por error la única copia de la grabación a las oficinas de la DEA en Washington; la PGR y la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) requerían esa grabación para los juicios, ya que era la prueba contundente de la participación de Morán Acevedo y su tropa en el incidente. Tiempo después, Washington les envió una copia a los agentes de la DEA en México para el seguimiento de las indagatorias.

No se pudo descifrar a que organización delictiva le pertenecía dicha droga; se cree que iba destinada para Ramón Alcides Magaña, El Metro, encargado de la Plaza de Yucatán al servicio del Cártel de Juárez, dirigida entonces por Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos.

Según Mike Vigil, agente retirado de la DEA –quien también participó en el operativo- dijo que la poca confianza que la Agencia Estadounidense había recuperado en el ejército mexicano después de la captura de los asesinos del agente Enrique Kiki Camarena Salazar el 9 de febrero de1985 definitivamente se había perdido luego de ese ataque.


 Fuente: La DEA en México. J. Jesús Esquivel. 2013


                                                                                                           Por Ryder Kane

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